Soy de los que aún se resigna a terminar siendo un adulto tan ocupado que se termina olvidando de vivir y ser feliz. Pero tanto jugar a fútbol, tanto practicar ese maravilloso deporte, me ha ayudado a comprender algo muy importante. El mero hecho de que continuamente juegue a fútbol y me esfuerze cada día, hace que me rejuvenezca, sonará raro, si, pero es la verdad.
¿Acaso no llorábamos de pequeños cuando algo no nos salía bien o como queríamos que saliese? Yo si lo hacía. Pues exactamente lo mismo, creo que esa actitud, la actitud de superarse continuamente, es la que desembarca a grandes puertos. Luchar por tus sueños cada día con toda tu alma es lo que hace que no sea un ser amargado, lo que hace que siempre sonría ante las adversidades.
Quizás es una reflexión un tanto extraña y profunda, al menos para un chico de dieciséis años, pero no soy el único que digo que he crecido muy rápido para ser solo un adolescente de tan temprana edad. Por eso, suena bipolar, pero creo que crezco y vuelvo a ser un niño a la vez, creo que es el fútbol y la madurez la que hacen de mi un chico con equilibrio, y lo que hace que tenga unas ganas por vivir, por vivir y ser feliz, que considero únicas en ocasiones.
Porque los ganadores no son sólo los que ganan siempre.

