jueves, 5 de enero de 2012

Música.

Si, soy músico. Sonará a pringado, porque la gente "cool" no hace eso, pero la sociedad me la come. Toco el clarinete en la banda de mi querido pueblo, Santa Úrsula. Allí, he aprendido a vivir la música de una manera que no se describir. La música me ha hecho saltar, ponerme los pelos de punta, escalofríos, la música me alegra el día, otras veces me hace llorar, si, yo también lloro. Pero disfruto como un niño con un juguete nuevo cuando toco, me desahogo así también, en la banda, tengo muchos enemigos, casi todos, sin embargo, hay dos o tres personas que me han hecho seguir y seguir hacia delante y, por ellos, probablemente no la he dejado. Ahora comprendo que la necesito y, que también es una forma para aislarme del mundo, del mundo de mierda que parece clavarme las chichetas donde más me duelen pero, a ti no, te aseguro que a ti no te va a pinchar, ahora soy yo el que te lo digo, eres mi ángel de la guarda, eres un milagro, me pregunto si los ángeles podrán tener pareja, algún día.

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