Se que mucha gente ha descubierto mi blog, tu blog, ha descubierto la manera en la que me sincero con el mundo, conmigo mismo, y en especial contigo. Y se que eso no te gusta nada. Pero creo que debo dejar atrás todos los comentarios, las tonterías y todas esas cosas que dicen la gente que no tiene otra cosa mejor que hacer que meter sus putas narices en la vida de los demás, no se merecen que deje de escribir, al fin y al cabo, como creo que diría yo "me la suda" lo que piensen.
Espero que poco a poco las cosas vuelvan a lo que empezaba a ser su curso, para que no se vuelvan a torcer nunca más. A veces, hay momentos en los que todo está mal, o parece estarlo, momentos en las que, otras cosas hacen que nos olvidemos de nosotros mismos, tengo que aprender, porque parece que la gente ha olvidado que yo también puedo equivocarme y, que de hecho lo hago continuamente, que en esos momentos, tienes que salir adelante como sea, escaparte por algún lado de la "oscuridad", y volver a la luz, no, tú no eres del lado oscuro, y no creo que nunca lo seas. Tú eres la mejor persona que he conocido en toda mi vida, y la chica que con algún gesto, una mirada, una sonrisa, con cualquier cosa, puede alegrarme el día, el alma, darme fuerzas de donde no las hay, o había.
Al fin y al cabo, soy un niño. Pero no ése niño con el que me suele relacionar mi querida profe de mates, a la cual le doy un grandísimo saludo, no, este niño es el niño de las ilusiones, de los sueños no imposibles. Es el niño del fútbol y el niño que días tras día se levanta pensando en lo mismo que pensó a la hora de acostarse, y no es comer o "mamá", no, es el niño de las ilusiones y los sueños perfectos cuando estoy cerca tuyo, o cuando quiero estarlo, siempre.
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