jueves, 14 de febrero de 2013

¿Buen presagio?

         Son las siete de la tarde. Me dispongo a empezar un entrenamiento con la esperanza de rendir igual que lo hacía antes. Y con ese antes, me refiero a antes de esa lesión maldita, que aún deja secuelas. Y hasta hoy solo fue eso, esperanzas. Pero hoy todo cambió de nuevo.

        Hoy no tenía molestias. Quizás el reposo de estos últimos días de vacaciones, quizás la rabia contenida contra mi no-entrenador y sus comentarios abusivos. Pero hoy volví a ser el que hacía tiempo que no era.

        Hoy mis tiros volvieron a ser fuertes. Fuertes de verdad. Hoy me sentía, a pesar de que algunas personas con complejo de altitud se enfaden, ligero. Sentía que flotaba. Nada ni nadie me podían coger. Era veloz, rápido, ágil, fuerte. Corría y corría. Cada vez más rápido. Y no me cansaba. Volvía a ser un incombustible. Volvía a ser yo de nuevo.

       Salgo de allí. Me encuentro con mi no-entrenador. Qué agradable sorpresa. Y antes de que me dijese algo, me voy. Porque hace tiempo aprendí que en el fútbol, poco importan las palabras, poco importa quién seas. Ahí es donde hablo yo. Donde entierro palabras que nunca debieron salir de la boca de nadie. Quizás no esté aún todo perdido.

     
         Son las seis de la tarde. Son las seis de la tarde del 14 de Febrero de 2013. Una hermosa tarde de San Valentín, el día de los enamorados. Y yo lo estoy. Me encuentro al lado de una chica con el susto metido en el cuerpo. Qué putada. Pero que es bellísima.

        Son las seis y estoy a tu lado. Te doy una rosa. Pero eso no es importante. No ahora. Quizás te acuerdes de ella cuando la veas y estemos lejos. Después de Julio. No lo niego. Hice una pregunta de la que no hubiese querido oir una respuesta. "Me voy a principios o a finales de Julio"

         Pum. Cayó la bomba. Con tantos golpes bajos que reparto, alguna me tenía que tocar a mi. Sin embargo, poco podemos hacer. Poco contra eso. Pero, si algo he aprendido de ti, es que nunca hay que bajar los brazos. Y de alguna forma, paralelamente, estaremos luchando para volver a vernos algún día, o eso creo.

        Es hora de irse a acostar. A pesar de todo, ha sido un gran día. Ahora mismo solo tengo ganas de usar ese maravilloso vale con infinitos abrazos... y besos. Y caricias. Y días y noches. Y tiempo que sacaré como el que saca petróleo donde no lo hay. Antes de irme a dormir, solo se me pasa una cosa por la cabeza: " ¿La tarta de nata o de chocolate?"

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