martes, 11 de febrero de 2014

He regresado.



             En mi cama, abrigado, pienso por un momento en todas las cosas que me han ocurrido en un día que, a pesar de que no ha sido el mejor, me ha servido de más de lo que pensaba.

             Porque, es así. Hoy, por el primer momento en mi vida, me alegré un poco de analizar todo lo que me rodea, lo que hago, y lo "que me hacen". Quizás porque me guste lo que estoy analizando. Hace apenas unas semanas, pasaba por la calle ignorando todas las parejas que estaban tan unidas, tan entrelazadas, tan felices, todas esas que me hacían recordarte en cualquier momento del día, quizás en los más inoportunos. Ahora, quizás más cerca que nunca, sé algo de lo que estoy orgulloso: somos una pareja, pero una normal. Al menos, no como las de ahora. Las de ahora solo se quieren para cuando las cosas están súper bien o simplemente te quieren por quien eres o por lo que aparentas, no por quien está tras todas esas fachadas. Si algo considero, a pesar de que sea uno de los seres más repugnantes del mundo, es que estás enamorada de mi por el chico que solo tú pareces conocer, si, ese con más complejos de los que creías, con más miedos de los que aparenta, ya ves que no eres la única caja de sorpresas, ¿eh? Nosotros somos distintos. Me complace decir que somos más que, no sé con qué palabra definir, porque la palabra "pre-novia" no me termina de convencer, digamos más que 2 "extraños en la noche". No, Natasha, yo ya lo era antes, pero tú cada día más te conviertes en mi confidente, en eso que llamabas "pilar", con el respeto a todas las mujeres "Pilar" del mundo, porque la mía se llama Caroline. Y eso es bonito, muy bonito. Bonito para mi, para aquel romanticón que decías extrañar hace un par de días.

                

       ¿Podrás resistirte cuando me veas con corbata? "Estaremos en un "espacio público"".

No hay comentarios:

Publicar un comentario