Estoy sintiendo el corazón en la garganta, las venas latiendo por la sien como una auténtica bomba, siento temblar las piernas antes del partido, el árbitro comprueba que todo esté bien y se lleva el silbato a la boca, lo hace sonar. Un escalofrío tremendo. Ha empezado mi primer partido con ustedes.Todo va bien, sobre ruedas, y entonces, un ligero movimiento de pierna, un pequeño destello de calidad y un trailer de la película que pronto se estrenará en los cines, he marcado mi primer gol. Estoy eufórico, quiero gritar pero por alguna razón, las redes me han robado la voz. Miro al suelo, no puedo hacer otra cosa, estoy emocionado, y siempre me ha dado vergüenza que me vean las lágrimas descender por las facciones de mi cara. Pequeños golpecitos que simbolizan felicitaciones y alegría, y cuando por fin consigo levantar la mirada, me encuentro con la suya, nunca la olvidaré. Era una mirada curiosa, una mirada sorprendida, y al mismo tiempo se convirtió en una mirada de complicidad justo después de chocar con la mía. Allí estaba él, la única persona que entiende el fútbol, mi fútbol. El fútbol del espectáculo, del show. Sin duda, es el mejor entrenador que he conocido-pensé en ese momento.
Pienso en este año. Me he cruzado dieciocho veces con su mirada, es decir, he metido dieciocho goles. Pienso en las dieciocho diferentes formas en las que he marcado goles, en todas las veces que demostré lo que puedo llegar a ser. Estoy feliz.
Hoy.Partido amistoso, una especie de "Hasta pronto" por esta maravillosa temporada.Termina el partido. Balance de la temporada, recuerdos por todas partes, me doy cuenta que me se de memoria todas las losetas, líneas, manchas, posiciones, gradas, asientos, petos, redes, canastas, escaleras, baños, lavabos, waters, duchas, balones y rincones dentro de ese pequeño recinto. Me doy cuenta de que he pasado mucho tiempo allí, de que allí he pasado momentos muy tristes, y que he pasado de la gloria al fracaso, y que he vuelto allí arriba, donde están los inalcanzables. Todo eso pasa por mi cabeza a mil por hora, y de un momento a otro, llega la pregunta que el hombre de las miradas de complicidad tenía ganas de hacerme.
Carraspea, su voz ronca parece salir del centro de la tierra: "Y tú, Yera, ¿cuento contigo?" Los recuerdos pasan por mi cabeza como una película cuando apretamos el botón para que pase a toda ostia hasta el momento en el que nos quedamos la última vez viéndola, y sencillo, rápido y sincero me limito a decir: " ¿Acaso lo dudabas?" Y ahí está, su sonrisa insolente me recuerda a la mia cuando me salgo con la mia, en la mayoría de ocasiones, y ocurre, es la decimonovena vez que me lanza su mirada de complicidad, se la devuelvo al instante, tengo práctica y aprendo rápido.
Abandono la catedral. No la pisaré más hasta el seis de Agosto según me informaron. He conseguido tener luz propia en solo un año. He conseguido ser una pieza única y fundamental dentro de un grupo ganador de principio a fin. He conseguido jugar a fútbol como a mi me gusta, y queda mucha tela por cortar, esto, es solo el principio.
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