
He cambiado. He cambiado mucho, muchísimo. Me alegro de haberlo hecho, me alegro mucho.
Antes solía ser un loco, iba por la vida buscando mis límites, buscando adrenalina, buscaba la felicidad. Ahora no quiero nada de eso, hay cosas que te pueden hacer feliz, muy feliz, sin tener que meterme en problemas ni jugármela, tarde o temprano, el que juega con fuego, se acaba quemando.
Ahora soy otro, sigo siendo el mismo impulsivo, sigo siendo violento con todo lo que está a mi alrededor cuando estoy enfadado, pero si que he cambiado. Ahora tengo cosas que me hacen muy feliz. Ahora me conformo con un balón y tres palos, con una maravillosa cosa llamada música, y, si, contigo, no te olvido, ni lo pienses. Ahora sonrío con cosas a las que antes ni prestaba atención, ahora aprendo a contemplar las cosas, los ojos, tus ojos, el pelo, todo.
Una película, tres metros sobre el cielo, la típica últimamente, hizo que me identificara con su actor, el famoso Mario Casas. No por su belleza, ni mucho menos, yo no soy gran cosa, pero si por su forma impulsiva, por su afición por las motos, por ser un enamorado, soy un enamorado, y al igual que él, yo también encontré una chica, maravillosa, un poco más morenita y con la sangre más caliente que "Babi", en fin, una señorita de dieciséis años que me enseñó, sin querer o queriendo, a ir despacio, a aflojar, a fijarme en cosas que ignoraba, a hacerme sentir bien, a sentirme bien cuando la hago sentir bien, a sonreir.
No soy Bécquer, me enrollo al escribir, pero al fin y al cabo, intento decirte que eres una persona de la que me gustaría aprender, aprender juntos por supuesto, por eso, vuelvo a decirte gracias, pero no quiero estarte agradecido por aquí, ni por ninguna puta red social, quiero agradecértelo con actos, con caricias, besos, con todo. Sin embargo, no sería algo que hiciera por el mero hecho de agradecimiento, sería algo que haría y me gustaría empezar a hacer porque yo quiero, y lo siento así.
No hay comentarios:
Publicar un comentario